La caballerosidad en el siglo XXI
Todo buen hombre es un caballero, según lo concibe nuestra sociedad. Por caballero, en nuestro contexto social, entendemos que es un hombre que se porta con nobleza y generosidad. Dentro de esta generosidad, se encuentra la costumbre, o más bien norma, de darle trato preferencial a las féminas. La caballerosidad, según esta práctica, podría definirse más específicamente como el sacrificio del hombre a favor de la mujer. Pero, ¿Cuál es la razón de ser de este comportamiento? ¿Por qué se debe actuar así, y no de otra manera?
De formularle esta pregunta a un ciudadano promedio, probablemente le parecería tonta. Simplemente así debe ser, contestaría. Porque el " hombre es hombre y la mujer es mujer", añadiría. O tal vez comentaría sobre las razones estéticas del mismo: " porque se ve bonito que un hombre…, o se ve feo que una mujer….".
Pero nada de esto contesta el por qué se deduce que debe ser así. Entonces, ¿Cuál es la hipótesis no enunciada en la cual se basa este comportamiento? Para tratar de contestar esta pregunta, tendríamos que remontarnos al origen del concepto de caballerosidad.
El origen del concepto de caballerosidad
En un artículo titulado Oiga
Caballero , escrito por Cristina Llanos, y
publicado en el portal de Internet Punto
y Seguido, la autora hace un
resumen muy útil del origen del concepto aquí
tratado:
El término caballero se originó hace siglos. La historia nos dice que, en la Europa medieval, el Rey o el señor feudal era escoltado por unos hombres montados a caballo , quienes honraban al gobernante a cambio de dinero o parcelas. O tal vez simplemente porque le debían un favor. El caso es que este “caballero” era, en principio, un hombre de linaje noble, que dadas sus nobles acciones era ascendido a este título. Pasado del siglo XV, esta distinción se empezó a otorgar a civiles como recompensa a sus actos a favor de la comunidad.
…resulta obvio que la misión de los caballeros siempre era la de proteger. Al Rey, al señor feudal, pero sobre todo a los débiles . Aquellos indefensos que podían ser fácilmente presas de bandidos. ¿Y quienes están asociadas con la debilidad, hoy mañana y siempre? Pues las mujeres.
No es difícil adoptar la idea de que la caballerosidad se fundamenta en la creencia de una inferioridad femenina. El trato preferencial dado a las féminas --cuando el caballero le abre una puerta, le cede un asiento, le carga los paquetes, le cede un abrigo-- es muy semejante al trato preferencial que la sociedad le da a los niños, ancianos, discapacitados, o personas con impedimentos físicos.
Son pocos, sino ningunos, los tratos preferenciales que se les dan a las personas en este tipo de casos, que no sea por razones de impedimentos físicos, por lo cual resulta curioso que dentro de ese trato a discapacitados y personas con impedimentos, se incluya a la mujer, con el comportamiento caballeroso.
Caballerosidad: ¿Extensión del machismo?
¿Es, entonces, la caballerosidad, una extensión del machismo? ¿Es este comportamiento un tentáculo socialmente aceptado del machismo? ¿La caballerosidad es incompatible con las aspiraciones de igualdad del género femenino?
En un artículo publicado en el portal Prensa.com, titulado "Binomio machismo-feminismo" , la autora, María Gima Arrocha, contesta negativamente esta pregunta argumentando lo siguiente:
A mi parecer la caballerosidad no compite con el deseo femenino de lograr la equidad; la amabilidad en las relaciones interpersonales es sinónimo de civilización. Estimo la caballerosidad como una proyección del respeto hacia la figura de la madre vista en cada mujer, algo que va más allá de la mera imitación, y que pretende reservarle el sitial especial que tiene y se ha granjeado. Es sencillamente un gesto de gentileza.
La caballerosidad no tiene por qué extinguirse, no tiene que ser desplazada para hacerme sentir más mujer o más luchadora.
Llama la atención la palabra especial, que la autora le adjudica a su género, pues es la misma palabra que se ha usado como eufemismo para referirse a personas con impedimentos físicos, mentales o sociales (Por ejemplo: Niños especiales, educación especial, comunidades especiales).
La primera definición de la Real Academia Española, al término "especial" es singular o particular, que "se diferencia de lo común o general". En este caso, si la mujer es "singular" o "particular", deducimos que lo común o general son los hombres, lo cual cuadra muy bien con el estilo de vida antiguo en lo cual los hombres dominaban todas las facetas de la vida social, que era lo común, y la mujer era relegada a un segundo plano, salvo en algunas excepciones" singulares" o "particulares". Pero en un contexto contemporáneo, en el cual las mujeres, que forman la mayoría de la población del planeta, ocupan puestos directivos y protagonistas --como directoras, presidentas, emprendedoras, etc.—carece de sentido continuar utilizando sinónimos de los adjetivos "singular" o "particular" para referirse a su presencia (sin que esto se entienda de que hay una completa igualdad y justicia entre géneros, lo cual aún no tenemos y creo que estamos lejos de ello). ¿No será que heredamos costumbres de circunstancias ajenas a la nuestra, en la cual hombre hacía todo y la mujer yacía pasivamente en el hogar?
Por otra lado, la mención de la figura de la madre como razón para sustentar un trato especial, encierra en sí otra ideología en la cual se establece que solo la madre da cariño a los hijos, pues está en el hogar con ellos, mientras el padre realiza tareas fuera del hogar (En el fondo es otro aspecto de la misma ideología).
Finalmente, la mención de la palabra "gentileza", que viene de "gentil", que es definido como un "noble que posee un título de un reino" , nos recuerda el trasfondo histórico del concepto de caballerosidad, en el cual el caballero protegía a las débiles.
Una refutación a la defensa de la caballerosidad en el siglo XXI, la hizo el bloguero mexicano Igor, en su blog personal Rencoria , al decir que:
Así, tal vez lo que parezca una conducta adecuada y razonable (la del caballero) sólo esté perpetuando de manera legitimada el papel subordinado de la mujer. ¿Acaso abrirle la puerta del coche a la dama no implica asumir cierta incapacidad de su parte? ¿Es que no resulta humillante para las mujeres que de entrada sea calificada positivamente una forma de actuar que las considera como entes menores que necesitan de cuidados especiales? ¿Es que verdaderamente la caballerosidad no es el rasgo más marcado de la discriminación de género? Recordemos que el macho desde un comienzo expone su evidente misoginia. Pero en esta misma medida ¿acaso la caballerosidad no ejerce una terrible labor de ocultamiento [conciente e inconsciente] del modo en el que verdaderamente ocurren las relaciones de género desiguales? De ser así, esta labor de enmascaramiento es tal que la desigualdad promovida por la caballerosidad es socialmente aceptada .
Otra
autora, Alda Facio, en un
artículo publicado en el portal de la
Asociación de Profesores de Segunda Enseñanza de
Costa Rica, en el cual defiende la ideología feminista,
coincide con este planteamiento al decir que el "machismo es
el desprecio por las mujeres, aunque esté disfrazado de
caballerosidad" .
Entonces, ¿Cuál es el papel que debe asumir la caballerosidad en el siglo XXI? ¿Es acaso una costumbre en extinción que irá desapareciendo según se siga desarrollando la igualdad entre los sexos por la cual han luchado tantas feministas en la historia?
La caballerosidad y el igualitarismo
Esta igualdad y trato igualitario entre hombre y mujeres es
refutado por José Manuel Prometa, profesor Centro
Universitario
Guantánamo en Cuba, en su estudio La
igualdad y el igualitarismo en la cuestión femenina: Efectos
del Igualitarismo
en la Mujer no desde un punto de vista machista,
sino desde un punto de vista biológico. Dice Prometas
que:
..las diferencias no son solo en el orden cultural-psicológico, sino también en el orden físico o biológico, de donde es probable provengan las diferencias psicológicas naturales hombre mujer. No podemos hacer que personas físicamente diferentes, de sexos distintos por añadidura, sean igualadas burdamente. Por eso al elemento cultural se suma un factor de índole biológica, que tiene su efecto inmediatamente, como es lógico en el orden cultura, por cuanto la mujer no puede hacer físicamente, por mucho que quiera, lo mismo que hace un hombre. No solamente en su conducta sexual, sino también en otras manifestaciones culturales importantes no menos ligadas al aspecto físico.
Prometa concluye en su estudio que el igualitarismo
es la traslación mecánica de un modo de ser de un
género a otro en el caso de la mujer. El mencionado
investigador termina sentenciando que "la igualdad es
equidad, que cada cual se desarrolle dentro de su género".
El planteamiento del autor de que no podemos aspirar a una completa igualdad entre sexos cuando la naturaleza ha impuesto unas diferencias marcadas, parece ser muy sólido. En este sentido, igualdad entre sexos sería contranatural.
¿Podría usarse este argumento, como justificación para la conservación de la caballerosidad, y su tradición de defensa de los débiles?
Visualicémoslo con un ejemplo. En un caso hipotético en el cual una mujer acabe de comprar una pesada nevera para su apartamento, y deba subirla al tercer piso, ¿Cuál debería ser la acción a tomar de parte de un hombre que esté cerca? ¿No ayudarla, en reconocimiento a su igualdad y capacidad como ser humano, o ayudarla, sabiendo que la naturaleza lo dotó a él de más masa muscular que ella? Con este tipo de casos, la demanda de igualdad no parece tener sentido, y la caballerosidad se impondría como una sana costumbre necesaria para la vida en comunidad.
Sin embargo, esta conducta a la cual se le dedica este ensayo, abarca mucho más que situaciones que requieran fuerza masculina. En nuestra sociedad, se pide la asistencia de "un caballero" cuando hay problemas técnicos con aparatos electrónicos, cuando hay que reparar alguna cosa, para abrir puertas, para esperar más en la fila, y hasta para recoger objetos del suelo.
De modo que se podría concluir que las posiciones extremas pecan de inexactas en sus códigos de comportamiento en las relaciones ínter género. Una igualdad absoluta entre géneros en todos los ámbitos de la vida, peca de no tomar en cuenta las diferencias biológicas impuestas por la naturaleza, mientras que el comportamiento caballeroso peca de exederse en estas consideraciones, perpetuando la subestimación de la capacidad de desenvolvimiento del género femenino.
Aunque legítimamente se pude reconocer las ventajas naturales del género masculino en cuanto a fuerza física, debe tenerse en claro que esta diferencia no se extiende a otras facetas como en el plano intelectual, emocional, profesional, técnico o cotidiano. De lo contrario, caeríamos en continuar, aunque con muy buenas intenciones, el papel subordinado al cual se le ha relegado injustamente a la mujer por tantos años.
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