“Sin ensalzarlo ni condenarlo”,
aquí está el loco de la secta,
dice ENDI
Los medios de comunicación tienen líneas editoriales, y están en toda su derecho. Sus diferentes contenidos responden a ciertos discursos, lo que es comprensible ya que no hay tal cosa como un mensaje neutro; todo responde a un discurso. Pero resulta gracioso como a pesar de esto, su estrategia publicitaria suele ser legitimar su labor a través del culto al objetivismo periodístico.
Un ejemplo reciente de esto que me ha dado mucha gracia es el reportaje que han hecho de José Luis de Jesús Miranda, el puertorriqueño que alega ser la reencarnación de Jesucristo. La presentación del perfil dice como sigue:
Sin ensalzarlo ni condenarlo, sino más bien tratando de situarlo en su justa perspectiva, nuestro artículo de portada de hoy examina la figura de José Luis de Jesús Miranda.
Desde un principio se sitúan en un punto medio (neutro) entre la acción de “ensalzarlo” y “condenarlo”. En otra palabras, comienzan con la predecible autoproclamación de su objetividad. Pero veamos como resulta evidente el texto todo lo contrario:
Cuando habla me recuerda a Jim Jones, el estadounidense que se proclamaba al mismo tiempo Jesús, el faraón Akhenatón, Buda, Lenin y el afroamericano Father Divine. Más de 900 de sus fieles se suicidaron en masa con un veneno en Guyana, el 18 de noviembre de 1978. Me hace pensar en David Koresh. El líder de la secta Davidianos se creía la reencarnación de Cristo y murió el 19 de abril de 1993 junto a 74 creyentes en Waco, Texas, cuando un incendio arrasó la estructura donde se encontraban.
A pesar del alegato de que no iban a “condenarlo”, al autor se le ocurre compararlo con dos de los asesinos religiosos más famosos en la historia reciente. Imagine que un reportero esté escribiendo un texto sobre un político determinado, “sin ensalzarlo ni condenarlo”, y que de momento se le ocurra escribir que, cuando lo escucha, le recuerda a Pinochet, Franco, Trujillo y a Stalin juntos.
Otro dato curioso es la utilización de la palabra “secta” dentro del texto. De las tres definiciones que tiene la Real Academia Española sobre la palabra, la más acertada para definir el uso de esta palabra en estos casos es la tercera: “conjunto de creyentes en una doctrina particular o de fieles a una religión que el hablante considera falsa”. Por lo tanto, desde un principio, de forma implícita, están juzgando las doctrina de De Jesús Miranda como falsas (de hecho, el texto lo describe varias veces como el “boricua que se cree Dios”).
¿Qué nos demuestra esto? Lo evidente negado: no hay tal cosa como un mensaje neutro, y tratar de decir lo contrario a veces puede rayar en la ridiculez. Soy de los que creo que el periodismo debe aspirar a buscar la justicia en sus contenidos, no la objetividad. Podemos debatir sobre como se le puede dar un tratamiento justo a un tema o a una persona, pero la excusa de la objetividad como estrategia legitimadora lo único que hace es tratar de ocultar las verdaderas intenciones, y en otras ocasiones, justificar silencios y recostarse de las fuentes oficiales.
Ya es hora de que se abogue por un periodismo parcial, pero con fundamento.
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