Tinta Digital
Bitácora electrónica de Eugenio Martínez Rodríguez

May 12, 2007

Reflexión sobre el fisicalismo

Nota: Este artículo es para interpretar y comprender una visión de la vida. No es su propósito defender, refutar o condenar tal visión, sino simplemente entenderla, y si es posible, dialogar sobre ella.

Como posiblemente sepan, espíritu y alma no son, en su sentido estricto, sinónimos. Mientras el primer término hace alusión a un “cuerpo” metafísico e inmortal que gobierno el cuerpo físico de los humanos y sobrevive a su muerte, y según muchas creencias, evoluciona o pasa a otras facetas fuera del mundo material, el segundo término se refiere a “el ser” de la persona, su personalidad, el sistema racional que gobierna voluntariamente el cuerpo físico sin que necesariamente se entienda ésto como algo más allá de lo material. El alma o conciencia, según los materialista (fisicalistas) , reside en el cerebro y está compuesta por células y patrones eléctricos (Ver Neural correlate of consciousness).

Ahora bien, si concebimos el mundo como algo puramente material, según proponen los fisicalistas, pues aceptamos los principios de que sólo somos tejidos, células y electricidad dentro de la cabeza, tras los ojos, entre las orejas y abajo del cabello (ya se hubicaron, ¿no?) . Pero ¿Y entonces que nos diferencia de, digamos, un complejo software dotado de inteligencia artificial que procese información, interactúe con los usuarios y tome iniciativas?

“Precisamente ese es el punto” me pondrán decir algunos, “…todo al final se reduce a lo mismo. Todos y todo somos y es materia compuesta por los mismos elementos y sujeta a las mismas leyes física”. Comprendo esta aseveración, pero no es por considerarme una “materia especial”, pero aún mi mente exige detectar una diferencia que me distinga a mi del complejo software mencionado, una diferencia entre “un ser”, y “una cosa”. Pero, ¿Dónde hallamos esa diferencia? ¿Qué es lo que distingue a “los seres” de “las cosas”? Esto me recuerda a la famosa conclusión del filosofo fracés René Descartes “pienso, luego existo”. Yo pienso, y por lo tanto, sé que estoy aquí, y usted está allá tras la pantalla. ¿Pero y por qué no hay nadie en el televisor? ¿O la hay? ¿O podría haberla algún día? ¿Será posible la creación de vida sintética? Pero que es realmente eso de “estar vivo” o “tener conciencia”?

Segundo viaje: reencarnación y fisicalismo

Otra cuestión que me viene a la mente es el asunto de cómo pudimos llegar a existir, según esta visión. De acuerdo con los materialistas, gracias a una unión natural entre células perfeccionada por millones de años de evolución libre y miles de mutaciones paulatinas, es que la materia que me compone llegó a reunirse hasta formar lo que biológicamente soy. Y según llegué a existir, un día, cuando la materia envejezca (si es que tengo suerte), pues dejará de funcionar como sistema y mi ser dejará de existir. Pero y si de un proceso natural y material pudo darse el resultado de que se creara mi ser, ¿no será posible que, al menos dentro de algunos millones de años, alguna otra materia se reúna por un proceso igualmente natural y de algún modo vuelva a aparecer yo, o sea, mi ser? ¿Por qué no? ¿Si aparecí una vez –sin ninguna profecía, propósito o plan divino– por qué mi ser no puede llegar a aparecer en una segunda ocasión, como monarca de algún otro grupito de células creativas?

¿Será posible extender la enorme fé en el azar hasta tal grado?

Categorizado en: Filosofía, Humanidades, Ciencias Naturales



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