La pasividad legalista y la caida del muro de Ocean Park
Tengo la impresión que la remoción por parte de unos ciudadanos del portón que limitaba el paso a la playa de Ocean Park recibió la aprobación casi inmediata de una gran mayoría de las personas. Sin embargo, algunos aún siguen manifestando su desaprobación con los métodos utilizados en la protesta, incluso aún estando de acuerdo con la causa de ella.
Según ellos, los ciudadanos deben seguir los procesos legales y pacíficos que ofrece el sistema para solucionar las disputas. Se debe, por lo tanto, recurrir al dialogo, a los tribunales, al cabildeo y a las elecciones para cambiar lo incorrecto, para que entonces la protesta sea una civilizada y pacifica. De lo contrario, todo sería un caos. Nos recuerdan, también, estas personas que ya tenemos suficiente violencia y confrontación en la país, y que “el fin no justifica los medios”.
Me parece legítimo la preocupación por la violencia y la confrontación en el país, al igual que la aspiración a que toda injusticia se resuelva mediante los canales correspondientes. No obstante, la historia nos dice que todos los sistemas políticos, como creaciones humanas que son, tienden a fallar en ocasiones. A veces en muchas ocasiones. A veces con fallas grandes. Es entonces cuando la injusticia se institucionaliza. Y si es la institución la injusta, la institución no puede ser su propia juez. En estos casos, inevitablemente se requiere una confrontación, lo cual no es sinónimo de violencia. La desobediencia civil pacifica es un tipo de confrontación (que funcionó muy bien en Vieques). El boicot, la huelga, los piquetes y la resistencia pasiva son tipos de confrontaciones no violentas. E incluso, por paradójico que parezca, la doctrina de la no violencia es un tipo de confrontación.
¿Es civilización la ley injusta o la justicia ilegal?
Según mi parecer, confrontar la ley o la autoridad no debe ser entendido como un acto barbárico o incivilizado, siempre y cuando esta confrontación no incluya la violencia como iniciativa. Las leyes, entre otras funciones, tienen como propósito ser un recurso para alcanzar la justicia, pero no son la justicia en si misma. La aspiración de toda sociedad no debe ser que sus miembros sigan la ley, sino que sus miembros sigan y alcancen la justicia. Pero esta aspiración a veces no puede ser “por la ley” cuando la injusticia está institucionalizada. Esta aspiración requiere actos de protestas contundentes, como la que ideó Henry David Thoreau y ejecutó Martin Luther King, Rosa Park, Mohandas Gandhi y el pueblo de Vieques.
El argumentar que todo se puede resolver por los tribunales, la legislatura o los votos parte de la premisa de que tenemos un sistema político y jurídico casi perfecto, que se autorregula, autocensura y autocorrige. Sería bueno que fuera así, pero si de algo tenemos consenso hoy en Puerto Rico es que nuestro gobierno está bastante lejos de ser “casi perfecto”. ¿O no?
Gandhi el confrontador
Resulta bien irónico que mucha veces de los argumentos que utilizan los favorecedores de la no confrontación incluyen a Mohandas Gandh. El prócer hindú, según ellos, es un ejemplo de que se pueden adelantar causas y eliminar injusticia sin la necesidad de violencia, confrontación o armas. Pero lo que hacían Gandhi y sus seguidores no era menos que una confrontación directa al sistema, confrontación que, cabe decir, terminaba en violencia en muchas ocasiones, no de parte de él y sus seguidores, sino de parte de los confrontados, los representantes del sistema (como pasó en Ocean Park, donde los palos los repartió la Policía) . Un acto de no violencia del movimiento independentista hindu, posiblemente era terminado con un macanazo en la cabeza de alguien. Pero no por ello a alguien se le ocurriría decir que Gandhi incitaba a la violencia. Gandhi sí, se manifestaba, provocaba y confrontaba, pero lo que hiciera el sistema en reacción era responsabilidad exclusiva del sistema.
El problema y sus soluciones
Han sido muchos los pensadores y activistas que han teorizado sobre como se debe enfrentar la injusticia institucionalizada. Pero por mucho pensamiento que haya habido, no hay consensos y soluciones universales para el problema, aunque el que tantas personas lo hayan pensado significa, al menos, que existe. Existen problemas que requieren más que tribunales y votos. De esto estaba convencido Gandhi, Luther King y los miles de sus seguidores.
Cuando lo moral es ilegal y lo legal es inmoral, ¿qué se supone que se haga? O peor aún, cuando lo moral es lo legal, como en el caso de Ocean Park, y el Estado aun no actúa, repito… ¿qué se supone que se haga? ¿Aún así seguir la ley o la autoridad con la esperanza de que algún día cambien las cosas por si mismas? Realmente me aterra imaginar como estaríamos ahora si todos en el pasado hubieran pensado así. Quizás entonces sí tendríamos una barbarie y una incivilización rodeándonos.
Nota: Daniel Pimentel, un amigo de la Universidad escribió un artículo, “Tumbando portones no se construyen puentes” en su blog, Tangente Informativa, como refutación a éste.
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