La Crónica: un género rebelde en la frontera

De entre todos los tipos de textos periodísticos, uno de mis grandes favoritos es la crónica. Este género es uno fronterizo y rebelde, que se niega a entrar de lleno tanto en las secciones de “opinión” como en las secciones de “información”. La crónica no es un “artículo”, por que en ella no prevalece la idea sobre los hechos, pero tampoco es una noticia por que no se limita a contar lo sucedido. Algunos la definen como la información comentada. Otros como una noticia con elementos valorativos. Pero es mucho más.
Según Juan Carlos Gil González, profesor de la Universidad de Sevilla, la crónica tiene un trasfondo tanto historiográfico como literario. Tal vez por ello sea tan interesante, por que es un género que llega con experiencia al periodismo, lo cual evitó que fuera una fácil victima de los debates éticos contemporáneos que mecanizan y monotonizan el oficio. Mientras la noticia y el reportaje eran como mancebos inexpertos fácilmente manipulables por los ideólogos de turno, la crónica era como una zorra vieja difícil de adoctrinar. Por tal razón, es doblemente rebelde en la actualidad al no ajustarse bien al rígido canon del “periodismo objetivo” que la teoría ética acaba de imponerle hace algunas décadas a la práctica.
La herencia literaria
Esta rebeldía con la monotonización y mecanización del periodismo actual, muy probablemente la heredó de la literatura, que es el arte del buen uso de la palabra. Según el periodista y escritor español César González Ruano :
Por primera vez, la literatura entró en el periódico por necesidad económica, pero sin querer renunciar a sus derechos y a sus esperanzas. Este es el secreto de una espléndida generación de cronistas, que es una auténtica generación de escritores “en periódicos.”
Por eso, la crónica, y todo lo que comparta sus características, ha ganado la cuestionable etiqueta de “periodismo literario” (como si el periodismo, en si, no fuera literatura). Con el apellido de “literario” se le pone aparte, se le trata como “especial”. Es “especial” por que no se ajusta a las prácticas cotidianas. No se ajusta, por que, como dijo Gabriel García Márquez en un discurso, muchos gustan de repetir la sentencia de que “los periodistas no son artistas”.
Pero la crónica no se avergüenza de mostrar su herencia literaria, y por eso en su redacción no hay técnicas, estructuras predefinidas ni “formulas” que sirvan. Hay tantos tipos de crónicas como tantos cronistas hayan. Cada cual marca su paso.
Esta contradicción del periodismo actual de adoptar la “objetividad” como simbolo de lucha y a la vez tener entre sus filas a un género que logra la comunión entre la opinión y la información, ha sido tratado de “justificar” o “armonizar” de varias maneras.
La crónica como privilegio
Por un lado, se ha elitizado el género alegando que solo es para los “especialistas” cuyo conocimiento sobre una materia los hacen merecedores del privilegio de comentar las noticias. De esta manera, se ha usado la sección de deportes como el último bastión y refugio de la crónica, por que es una sección de especialistas. Para el resto de las personas, según esta visión, la crónica queda prohibida. El género es para los peritos y punto (algunos siempre se concentran en lo que no se puede, en vez de en las posibilidades) . A menos que se trate de una crónica de interés humano.
La crónica light
La llamada “crónica de interés humano” ha sido parte, según yo lo veo, de otro intento de “justificar” el género dentro del periodismo. Según el Manual para Periodistas de Milagros Acevedo, este subgénero se caracteriza por presentar “cualquier acontecimiento, no específicamente criminal que, sin tener significación política, económica, cultural y deportiva, lleva consigo ingredientes básicos de interés humano”. En mi opinión, es una crónica de importancia secundaria y light. Por eso las crónicas de El Nuevo Día tratan de temas como las frituras de Piñones o las personas que se sientan a jugar ajedrez por las tardes en Borders. En estos terrenos no hay peligro. Se puede opinar e interpretar la “experiencia” por que la reacción nunca irá más allá de un “qué lindo” o “qué chévere”. Nadie se molestará en lanzarles la ya tradicional acusación de no ser objetivos. ¿Qué importa? El tema es tan liviano que a nadie le pesa. Con ésto le arrebatan todo la relevancia, libertad y experiencia del género al limitarlo a un forzado “ve allá y siente”.
Internet y el futuro de la crónica
Por suerte, con Internet, el periodismo independiente, el ciudadano, el comunitario y el alternativo, entre otros, puede escapar un poco de la hegemónica obsesión con la objetividad que tienen los grandes medios, y superarla con el rescate de géneros tan interesantes como la crónica. Si los intereses económicos de los grandes periódicos los obligan encerrar a la crónica en las secciones de deportes, los intereses periodísticos de los pequeños medios pueden reclamar el regreso triunfal a la comunicación mediada de la hija del arte y la historia. Ojalá así sea.

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Comment by AdamsGwendolyn33 — July 1, 2010 @ 3:17 pm