Ser juez

¡Qué satisfactorio es juzgar! ¿Verdad? Levantar el índice, y señalar a otro. Recalcarle todos sus errores, problemas y defectos, y olvidar –mientras se disfruta el momento– los propios .
Amamos la toga, el sonido fuerte del mallete, el ritmo sermoneador, sentenciador. Y la tercera persona: es él, no yo; son ellos, no nosotros.
Creo que todos tenemos deseos reprimidos de ser Dios. De montarnos sobre nuestra inmaculada perfección y lanzar una mirada en picada al otro. ¿A quien no le gustaría? Así no tendríamos ese molestoso pensamiento que nos recuerda que muchas veces lo que condenamos es también parte nuestra.
Verdades hermano, verdades…
Comment by Shery — February 11, 2006 @ 5:17 am