Educación para la liberación, según Freire

Una de las cosas que he podido hacer durante las vacaciones de navidad, es terminar de leer el libro La pedagogía del oprimido, del educador brasileño Paulo Freire, en el cual el autor defiende la tesis de que los opresores (la clase alta que tiene el poder) perpetúan su poderío sobre los oprimidos (pobres y trabajadores) mediante un estilo de educación que los deshumaniza, y los hace pasivos.
Al leer las descripciones que hace Freire sobre esta educación deshumanizante y opresora, no pude hacer nada que no fuera recordar mis años de escolar, desde el nivel elemental hasta el superior (y algunos en la Universidad también).
Freire llama a esta educación la educación bancaria, pues actúa como si los estudiantes fueran bancos vacíos en los cuales hay que depositar un conocimiento. Nada de reflexión, pensamiento independiente, ni juicio crítico. Solo es aprender un conocimiento prefabricado y estático.
De esta forma el sistema fomenta la pasividad de los estudiantes, los cuales, para evitar problemas, no tienen más remedio que adaptarse a las circunstancias, conformarse con lo que hay, amoldarse a lo existente. Tampoco hay cabida para transformar, construir o cambiar. El buen estudiante es aquel que obedece, y sigue la corriente.
Recuerdo las tantas veces que me dijeron “tú siempre, buscándole las 5 patas al gato” haciéndome saber lo molestoso que era cuando cuestionaba algo, y las veces que me dijeron que no podían seguir perdiendo el tiempo con lo que yo decía, pues tenían una clase que dar.
Incluso, como anécdota puede contar que cuando me gradué de intermedia y fui a otra escuela a cursar el nivel superior, luego de los primeros días de clase, una maestra se me acercó, y me dijo que ella ya sabía quien era yo, y que le habían dicho que me gustaba “discutir” y “contradecir a los maestros en las clases” (En otras palabras, que tenía un problema de actitud. Tenía como una carpeta verbal entre maestros).
Al final, creo que el sistema logró amoldarme a una pasividad acrítica que, si bien no me gustaba, me ahorraba problemas (con sus aparatos represivos) y me aseguraba buenas notas (aparatos ideológicos).
De la escuela superior, me gradué con alto honor, y me despidieron con 12 medallas en la ceremonia de graduación. Goog Boy!
Pero en la Universidad, por fortuna, he tenido experiencias muy diferentes. De repente, me encontraba en salones con profesores que invitaban al diálogo, pidiendo que los interroguen, que le cuestionen, y hasta que los contradigan, y debatan su punto de vista.
En los cursos de ciencias sociales y literatura, aprendí lo que era el método socrático (mayéutica), y en el memorable curso de humanidades, con el profesor Jaime Moisés Pérez, aprendí quien era Paulo Freire, y del por qué debíamos cuestionarlo todo, dudar, indagar, reflexionar y repensar. Es un cambio drástico, del cual aún no me acostumbro, luego de tantos años de educación bancaria, pero es una educación para seres humanos. Me gusta la Universidad por eso (aunque no esté exenta de educadores bancarios).
En La pedagogía del oprimido, Paulo Freire identifica muy bien la educación que le sirve a los que se benefician del estado actual del las cosas, y hace una síntesis genial de su antitesis: la educación para la liberación, una educación dialógica, reflexiva, y activa, en el cual los maestros son a la vez estudiantes de sus alumnos, y estos, a su vez, son profesores de sus mentores, en un proceso educativo de compañerismo y camaradería, y no de autoritarismo. Una educación en la cual se construye en conjunto el conocimiento, en vez de ser depositado como algo que siempre existió, y no se puede desconstruir, cambiar, mejorar, ni cuestionar. ¡Utopía! Pensarán muchos. Pero luego de muy buenas experiencias con algunos profesores humanistas de diferentes áreas de conocimiento, doy fe de que es posible.
Lo lamentable del caso, es que el texto es lectura obligada en muchos cursos de pedagogía en la Universidad, pero la educación del opresor sigue imperando en los métodos del maestro promedio. Y es que en la mayoría de los casos, más puede toda una niñez y adolescencia de educación bancaria, que menos de cuatro años de su antítesis. Pero siempre hay quien toma conciencia, y ayuda a esparcir la idea de que pensar y repensar es de humanos, y actuar de acuerdo a ese pensamiento nos hace libres.
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