Tinta Digital
Bitácora electrónica de Eugenio Martínez Rodríguez

November 12, 2005

El jóven radical

nota: Desde hace tiempo he querido experimentar con el género del Diálogo, tan cultivado en la Antiguedad por Platón y por los humanistas renacentistas. Lo considero un género interesante para exponer y confrontar ideas, una buena alternativa al ensayo y sus variantes (columnas, artículos, etc). Lo que sigue es mi primer intento en este género, y digo intento porque admito que está demasiado grandilocuente y hasta poco natural, debido a que no quiería darle acento local a las expresiones, y como la única referencia que tengo del género son los diálogos platónicos, que suenan de por si grandilocuentes, pues…

–La lucha es necesaria. Lo fue ayer, para adquirir los derechos que hoy disfrutamos, y lo es hoy, para lograr los derechos que en el mañana disfrutaremos. Es lo natural, lo progresivo. Siempre debemos procurar mejorar nuestra situación, en la lucha.

–Comprendo lo que dices, amigo. Y me alegro que hayas tocado el punto de “lo natural” en la vida y en los seres humanos. Como bien le dijiste ayer al padre Baltasar cuando discutían sobre la moral, ya hoy sabemos que el ser humano, además de la razón y los sentimientos, se deja llevar por los impulsos, impulsos naturales y, valga la redundancia, impulsos que están en nuestra naturaleza. Como todos pertenecemos a una misma especie biológica, esos impulsos se encuentran en casi de igual forma en cada uno de nosotros, lo cual facilita el estudio de patrones y tendencias naturalmente repetitivas

–¿A dónde quieres llegar con todo esto?

–El punto es que ese espíritu combativo que muestras y predicas, no es más que un impulso natural y psicológico, característico de alguien de nuestra juventud. Es un impulso natural de una personalidad en formación, que busca distinguirse y definirse. Es un impulso irracional ya que no está guiado por un proceso racional sino por un “deseo”, unas “ganas”, un “algo”, que muchas veces ni sabemos expresar con palabras ya que éstas fueron desarrolladas para la razón y los sentimientos y no para algo que el ser humano negó tener por siglos como lo son los impulsos.

–¿Qué te hace pensar que mi activismo es por mi juventud?

–No hablo de tu caso particular, sino de la humanidad en general. No es un secreto que la juventud es pasional y que radicaliza las luchas. Todos conocemos las historias de hombres y mujeres que en su juventud fueron muy radicales, pero con el pasar de los años van moderando su discurso hasta terminar como lo que criticaban con tanta vehemencia. Los vanguardistas de hoy, son los conservadores de mañana. Es una historia que ese repite con cada generación, sin casi variantes.

–Tienes razón en que muchos de los activistas de hoy, serán los conservadores del mañana. La lucha es trabajosa y duradera, y no todos resisten las pruebas. No es ser o no ser la cuestión, sino seguir siendo. Pero a pesar de los que ayer fueron y hoy no son, no se debe juzgar a los demás por las experiencias del pasado. Decir que los miembros de tal grupo social son de tal manera, cae en las categorías del prejuicio y el estereotipo.

–Es una tendencia histórica la que señalo, y no una regla invariable. Sin tan solo los jóvenes identificáramos nuestros impulsos radicalitas serían más las acciones racionales y nuestras participación no sería tan menospreciada.

–Difiero totalmente. Bendito sea el joven radical. La sociedad más sombría que podríamos imaginar sería una con una juventud conformista. Sólo los números de los calendarios cambiarían y se eliminaría lo que hoy conocemos como historia, pues no habría necesidad de ello.

–¿Pero de que vale una juventud combativa sin son adultos conformes en potencia?

–El valor está en la potencia del futuro, compañero. ¡Grita! ¡Llora! ¡Presiona! y ¡Protesta! Que los sueños de hoy son la realidad del mañana. Y lo que hoy mantenemos en el mundo de las ideas mañana veremos que era un mundo posible. Lo vimos con la esclavitud, el racismo, el sexismo, las explotaciones de obreros, y en muchos otros campos, y aunque la lucha sigue en todo lo mencionado, solo en la lucha seguiremos cosechando, pues el conformismo y la indiferencia nunca han sido terreno fértil para nada.

–Pero el activismo es más que un impulso juvenil y pasajero, pues se trata de lucha social y no psicológica.

–Olvidas que la sociedad está compuesta de individuos, cada uno de los cuales, además de razón, tiene sentimientos, y, como mencionases, impulsos. No podemos ignorar algún componente de un ser humano pues sería actuar en contra de nuestra naturaleza y de nuestra propia humanidad. No podemos enjuiciar nuestras propias características, etiquetando a unas como buenas y a otras como malas porque a fin de cuenta estamos juzgando a la naturaleza. ¿Y quiénes somos para atrevernos a hacer semejantes atrevimiento?

–No enjuicio nuestra naturaleza, sino la forma en que nos relacionamos con ella. La naturaleza, como nosotros, no es estática. Cambia. Cambia sola y la cambiamos, según las circunstancias. Lo natural es que los niños impiensen a tener relaciones sexuales tan pronto su cuerpo está preparado, que una mujer quede preñada cada vez que tenga sexo si es fértil, que las personas enfermizas y débiles mueran y solo las fuertes sobrevivan, que un león se coma un hombre si tiene hambre y su presa es fácil. Todo esto es natural, sin embargo, no nos conviene y lo cambiamos. De igual forma, a los impulsos, y a las emociones, hay que conocerlos, estudiarlos y adaptarlos, y de esta forma dejar de ser cavernícolas emocionales, para pasar a ser seres completos. Seres con componentes racionales, emocionales, sexuales y psicológicos, pero bien conciente de cada uno de ellos, para actuar con ellos, y no debido a ellos. Ser realmente libres y no esclavos de lo nuestro desconocido.

–Comprendo tu punto, y concuerdo contigo en que la lucha necesita tanto de reflexión como de acción. Aunque por otro lado, no creo que la reflexión traiga consigo moderación, y que el radicalismo juvenil, como das a entender, sea producto de la irreflexión, pues los seres más radicales en la historia de la humanidad han sido aquellos que dedicaron largo tiempo a la reflexión sobre los problemas que lo inquietaban. Te resumo en esto mi posición pues, como dicen los presentadores de la televisión, “el tiempo nos traiciona” y me tengo que ir.—

–Yo te resumo, me reafirmo y te aclaro diciendo que pienso en que según necesitamos reflexión de lo que está en nuestro entorno, necesitamos reflexión sobre nosotros mismos, pues no solo lo exterior nos es desconocido y los ofrece razones para actuar, sino lo que yace en nuestro interior. Me despido repitiendo el consejo que le diera Sócrates a sus discípulos: “Conócete a ti mismo”.Continuaremos en otra ocasión—

–Así será–

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